Los niños son una fuente de energía casi inagotable. Están en continuo desarrollo biológico, psicológico, intelectual, social y emocional. Todo este desarrollo se produce explorando en contacto con el contexto y las personas que les rodeamos somos la principal fuente de suministro de conocimiento.
A veces, los adultos no nos acordamos de que los niños están en continuo desarrollo, que no tienen los mismos conocimientos y recursos que tenemos los adultos y que, muchas veces, no saben reconocer sus emociones ni autorregularse cuando se encuentran ante situaciones que no saben gestionar.
Creemos en el potencial del infante hacia el crecimiento en constante movimiento hacia el desarrollo y pensamos que cuando esto no ocurre es que algo está ocurriendo que interrumpe el proceso natural de crecimiento y desarrollo infantil.

El síntoma es el envoltorio donde se esconde el problema real.
Es necesario explorar en los problemas de conducta o aprendizaje para evaluar si detrás de ellos existe algún problema afectivo o emocional que pueda condicionar su desarrollo. Igual como ocurre con los adultos los niños necesitan tiempo para hacer cambios y modificaciones de conducta. Es un proceso.
El terapeuta infantil debe situarse dónde se encuentra el infante a nivel psicológico, emocional, intelectual y evolutivo para poder acompañarlo de una forma respetuosa siguiendo el ritmo y el nivel que marque el niño en su proceso de desarrollo.
Es necesario conocer cómo se produce el desarrollo evolutivo y psicoafectivo durante la infancia para saber qué es lo que se puede esperar del infante y que se puede considerar problemático.
Es importante la participación de los padres en el proceso terapéutico ya que ellos son una parte importante de la solución. La finalidad de su colaboración es desarrollar en los padres habilidades para mejorar la relación con los hijos, reflexionar sobre el afecto y estilo educativo de ambos padres y que aprendan nuevas formas de enfrentar los conflictos.
La forma de ayudar al infante y el modo de interactuar con él difieren mucho de cómo se hace con los adultos. Nosotros nos vamos a convertir en compañeros de juego del infante, queremos que se divierta y a través del juego u otras actividades lúdicas que resulten atractivas para él como el dibujo, moldear diferentes materiales, la música, ejercicios corporales, cuentos, historias, playmobils, etc., conectaremos con él y descubriremos mucha información de como se siente y se relaciona con las personas y el mundo, lo cual nos ayudará a descubrir sus necesidades y las resistencias que le dificultan su adaptación al medio o que provocan el síntoma que manifiesta.